Violencia social: intrafamiliar, de género… y prensa (o medios de comunicación)

El siguiente ensayo surgió en su primera redacción, de una solicitud que me hiciera un grupo de estudiantes de psicología del INTEC que quería contar con una aproximación psicosocial del tema. Así lo hice, pero en estos días me encontré con él buscando otras cosas, entre las diversas carpetas que voy abriendo a propósito de temas que escribo para organizar mis ideas.

Los acontecimientos de las últimas semanas (noviembre 2019), donde hombres con diferentes historias y realidades, dan muerte a sus esposas o ex-parejas, en un calvario que tiene a la sociedad dominicana asombrada, entristecidad, y espero, preocupada. La situación está llegando al extremo del paroxismo. Temo que empieza a no asombrar a muchas personas.

El femenicidio es la forma más extrema de violencia en contra de las mujeres, y que en sentido general, no surgen de repente ni de manera inesperada; más bien, representa el último acto de violencia de una historia de violencia y maltrato, que muchas veces cuenta con muchos espectadores cercanos, parientes o vecinos.

Se complica aún más, como se ha puesto de manifiesto en los últimos días, cuando quienes tienen la mayor responsabilidad judicial de preservar las vidas de ellas, son capaces de negociar con las mismas. 

VER

Es imposible negar la escala de violencia que vive el mundo (en sentido general) y la sociedad dominicana (de manera particular).

En España se aprecia también una escalada de violencia y asesinatos contra la mujer, que ha estado provocando el interés de muchos investigadores, tratando de encontrar razones, una «etiología» que permita su prevención y mayor control social.

La prensa escrita, televisiva y radial nos ofrecen todos los días informaciones sobre hechos de violencia acaecidos en diferentes ámbitos de la vida social. Esta situación tiene hoy una nueva complicación, el uso muchas veces irresponsable de las redes sociales, que más que denuncia, fomenta y hacen “virales”, el morbo en su “máxima expresión”.

De todo este fenómeno cabe destacar, de manera particular, la violencia intrafamiliar y/o de género. El rosario de muertes de mujeres, la mayoría muy jóvenes, es espeluznante.

Ellas se llamaban…

En el periódico Diario Libre del 29 de Octubre de 2017, bajo la firma de Margarita Cordero, se publicó un trabajo que pone de relieve la “vergonzante manera” en que es manejada la situación de estos crímenes por las autoridades, y también los medios de comunicación, bajo el estribillo irritante de “víctima de crímenes pasionales”. Ellas se llamaban ha continuado mostrando historias hasta las últimas semana de octubre y primeras de noviembre de éste año, 2019.

En muchas ocasiones, el despojo de su humanidad y de su ser, con la consecuente “desensibilización” que se produce, no hace otra cosa que seguir fomentando éste comportamiento criminal. Su simple conteo aritmético, no resta, a lo sumo, suma, en la mente de aquellos hombres que viven la violencia y el maltrato verbal o físico, como su estilo de vida de pareja.

JUZGAR

En la psicología se ha llegado a hablar de la teoría de los instintos. Desde un enfoque psicoanalítico planteado por Sigmund Freud, y desde la etología por Konrad Lorenz. Al principio Freud, propuso la existencia de dos grupos de instintos, los instintos del yo o instintos de conservación y los instintos sexuales o libido; al considerar luego que los instintos de conservación son la expresión de la libido hacia el propio sujeto, habló solo de la libido como instinto básico. Posterior y finalmente, a partir de 1920, postuló los instintos de vida (Eros) y los instintos de muerte (Tanatos) como los instintos básicos del psiquismo humano. (https://www.e-torredebabel.com/Psicologia/Vocabulario/Instintos.htm ). Desde la Etología, Lorenz habla de la agresión como instinto. 

En la Psicología Social, se aprecian varias concepciones sobre el tema. Una de ella es la teoría del impulso, es decir, el motivo para dañar a otros. Se sugiere que la agresión proviene de condiciones externas que activan el motivo para dañar o herir a otros. Una de las más conocidas es la que se construye a partir de la hipótesis frustración-agresión. Esta teoría plantea que la conducta agresiva está impulsada desde dentro por impulsos para dañar o herir a otros. Es un enfoque de raíces psicopatológicas.

Otros modelos explicativos…

Modelo Cognitivo de Berkowitz y col.
Berkowitz (1984) y sus colaboradores (Berkowitz y Rogers, 1986) ofrecieron una explicación ‘influida’ por el paradigma cognitivista (Neisser, 1967) que, en pocas palabras, podría resumirse de la siguiente forma: Cuando las personas asisten (presencian) a un acto agresivo en los medios, sus mentes activan de manera automática una serie de ideas que evocan otros pensamientos relacionados. Estos pensamientos influyen en las evaluaciones que dan lugar a las interacciones posteriores, de modo que la mera percepción de una señal agresiva (por ejemplo, fotografías de armas) puede incrementar la intención de castigar a una víctima disponible en el espacio y en el tiempo (Leyens y Parke, 1975).

Enfoques psicobiológicos de la violencia: el tema se aborda desde lo genético, lo endocrinológico, lo etológico y lo neurobiológico. En esta perspectiva se inscriben investigadores como José A. Gil Verona, Juan F. Pastor, Féliz De Paz, Mercedes Barbosa, José A. Macías, María A. Maniega (todos ellos de la Universidad de Valladolid); Lorena Rami-González y Teresa Boget (Hospital Clinic de Barcelona); e Inés Picornell (Hospital de Móstoles de Madrid). Se parte del supuesto de que el estudio de los mecanismos psicobiológicos (Hebb, 1949) de la agresión hará posible un mayor entendimiento de la evolución de este comportamiento hasta el ser humano, así como una mejor clasificación de las manifestaciones patológicas de las conductas violentas. Plantean que “la violencia destructiva o la agresión aniquiladora contra la vida y los bienes de una persona o de un colectivo humano son comportamientos manifiestos de la conducta humana. A diferencia de ello, la “agresividad” es un concepto que se refiere a una “variable interviniente” e indica la actitud o inclinación que siente una persona o un colectivo humano a realizar actos violentos; en cuanto tal puede también hablarse de “potencial agresivo” de esa persona o de esa colectividad”.

Modelo Afectivo de Craig Anderson

Se han construidos explicaciones alternas, como aquellas que ponen su mirada en el aprendizaje, las cogniciones, el estado de ánimo y la activación. Estas perspectivas son analizadas desde el Modelo Afectivo General de la Agresión propuesto por Anderson (1996). Según este modelo, la agresión se desencadena a partir de un conjunto de factores (“variables de entrada”), las cuales influyen en la activación, los estados afectivos y las cogniciones, desencadenando actos violentos. Es un modelo que se construye desde una perspectiva bio-psico-social.

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Para Anderson (1996) hay tres factores interactuantes:

Factores de entrada: provocación, frustración, exposición a modelos agresivos, señales asociadas con la agresión, y otros como incomodidad/afecto negativo, etc.;
Factores internos: como la afectividad negativa, irritabilidad, creencias sobre la agresión, valores pro-agresivos, patrones de comportamientos agresivos aprendidos, etc. Estos factores generan estados afectivos que activan los procesos de agresión.
Factores de salida: Comportamiento violento.

Punto central del modelo es el reconocimiento que tienen en la agresión el aprendizaje, las ideas y creencias, así como determinados estados afectivos (frustración, entre otros).

Medios de Comunicacion y Violencia

Varios autores, como el propio Anderson (1997); Berkowitz (1993); Paik y Comstock (1994); Wood, Wong y Cachere (1991), entre otros, han planteado que “la exposición a la violencia en los medios de comunicación puede de hecho ser un factor que contribuye a los altos niveles de violencia en países donde esos productos son vistos por grandes cantidades de personas”, según señalan Baron y Byrne (2005).

Las explicaciones al respecto van desde los procesos de aprendizajes que estas exposiciones originan, como la generación de comportamiento de agresión en personas con predisposición a la misma, y el efecto de “desensibilización” que se genera en las personas, que no es tampoco despreciable.

Un constructo importante al respecto es el que tiene que ver con el proceso de activación del pensamiento, también denominado “efecto desencadenador” (priming effect ). En el caso de la violencia mediática, Berkowitz sugiere que las ideas agresivas activadas por la contemplación de escenas violentas en los medios de masas pueden desencadenar otros pensamientos relacionados semánticamente, incrementando a su vez la probabilidad de que sean evocados en la mente. 

Desde ese punto de vista, cuando estos pensamientos adicionales se procesan a nivel cognoscitivo, se constituyen en factores desencadenantes de la respuesta agresiva de múltiples formas. De esa manera, la cotidianidad del crimen, del abuso, del asesinato a mansalva se ha convertido en parte de nuestra cotidianidad. 

No se trata de que estas informaciones se oculten, sino la forma como son manejadas por la prensa escrita y televisada. Algunas personas argumentarían que tales noticias son las que “venden” (hacen alusión al morbo), olvidando el efecto perverso que tiene en el ánimo de las personas, así como en el condicionamiento que se produce. La racionalidad de “crecer” en audiencias (y dinero) se sobrepone a cualquier otra consideración social o de cualquier índole.

Lo que sí es verdad, es que ya la violencia no nos “asombra”, todo lo contrario, nos han acostumbrado a sus modalidades, sus expresiones, las diversas maneras como se ejecuta, o incluso, de quienes sufren directamente sus efectos, sin ningún juicio moral o ético. La información noticiosa es una mercancía que hay que vender, posiblemente tan perversa (en cierto sentido) como la venta de substancias psicoactivas; solo que esta nadie la regula. Se encuentra en las manos de quienes comercializan con la misma.

Todo esto abre otro tema, más bien desde la perspectiva de la ética, y que bien puede formularse en forma de pregunta ¿Dónde está la dignidad del cadaver? La exposición de los cuerpos en la prensa escrita y televisiva llena de horror.

ACTUAR

Se tienen que desarrollar estrategias nuevas y hacer eficientes las que ya existen:
El problema no es del código penal, sino de quienes gestionan su aplicación y quienes tienen la responsabilidad de la administración de sus consecuencias. Hay que desarrollar un prontuario, una bitácora pública de estos procesos. Los condenados deben cumplir lo que establecen las leyes. La aplicación de la ley no puede ser discriminatoria. La ley es ciega, cuando se trata de su aplicación. No mira ni condiciones ni clase social, se supone igual para todos.

Hay que desarrollar e incentivar modelos de convivencia basados en el respeto a los demás y que desarrollen predisposiciones (actitudes) favorecederas del diálogo y la convivencia, tanto en las escuelas, como en las organizaciones, en los espacios públicos, en la propías familias. En eso, los medios de comunicación pudieran jugar un papel importantísimo.

Hay que incentivar y trabjaar más el auto-control y la contención. Fomentar la moderación. Capacitarnos socialmente en habilidades sociales: aprender a llevarnos bien con los demás, particularmente con nuestros vecinos.

Sigo pensando que la escuela es un buen espacio para promover estos comportamientos sociales.

Algo mucho mas fácil aún…Fomentemos reír más y enfadarse menos. Se trata de inducir estados afectivos contrarios a la agresión. Eliminar de nuestra cotidianidad todo aquello que se constituya en una fuente de irritación y malestar (hay muchos programas de la radio y la televisión que deberían sentir la perdida de audiencias, esa sería una gran lección). Promover programas de humor sanos, que valoricen las relaciones hombre – mujer, y erradiquen la vulgaridad, y sobre todo, el uso morboso del cuerpo, principalmente, femenino. 

De manera particular

En el orden de los medios de comunicación: Replantear el enfoque social de la información de prensa sobre la violencia, empezando con el respeto a la dignidad del cadáver. Su burda exposición no genera solidaridad y compasión. Este es un aspecto que debe ser trabajado contando con expertos en publicidad y propaganda. Conocer de los aspectos contraproducentes que genera la comunicación social. Recordar que entre el público objeto de dichos mensajes, están aquellos que están en la ruta de la agresión y el crimén. Ellos también leen la prensa, escuchan y ven las noticias por la radio y televisión.

Desarrollar campañas a través de los medios de comunicación con el modelaje de actitudes y comportamientos de respeto y cortesía, como de enfrentamiento pacífico y dialógico frente a los conflictos con los demás; y en el caso que nos ocupa, de respeto, aprecio, protección y cariño hacia la mujer, entre muchas otras actitudes positivas. Hay que insistir, insistir, insistir… en los aspectos positivos de la relación de pareja. La sola insistencia en la «no violencia» mantiene en el inconsciente colectivo la violencia misma.

Desarrollar los Comité de Ética del Comunicador Social, a fin de que puedan estos profesionales tener la oportunidad de comprender y profundizar en la dimensión ética del ejercicio de su profesión. Desarrollar debates públicos sobre la dimensión ética de la información. Introducir estos debates de forma constante, en las carreras universitarias que forman a los futuros comunicadores, y otros profesionales, y si ya vienen desarrollándose, insistir, debatir, dar a conocer públicamente.

En el ámbito de la educación: Aprovechar los conflictos que se generan en las propias escuelas entre los estudiantes y los propios docentes, como oportunidad para la reflexión y búsqueda de soluciones en el marco del diálogo y el respeto al otro, guiados por los principios éticos. Convertir el conflicto en una oportunidad de aprendizaje. Fomentar en los estudiantes, a través de múltiples estrategias y acciones, una cultura de paz. Algunos me dirán, «ya se viene haciendo», pues entonces revisar nuestros contenidos y nuestras estrategias de abordar el tema. 

Poner a funcionar (¡ y que funcionen!) los Comités de Ética Educativos en todos los niveles del sistema educativo: Sede Central, regional, distrital y escolar; propiciando el debate y la reflexión de los problemas y el accionar, desde los principios de la ética.
Dar a conocer en los centros educativos, y a través de todos los medios necesarios (murales, presentaciones en aula, reuniones, etc) los principios que fundamentan una vida responsable, fundamentada en el diálogo y la aceptación de las diferencias.
Fomentar la conciencia y creatividad del estudiantado desarrollando aplicaciones (Apps, videos, etc) que fomenten el respeto, la compasión y la solidaridad.

En otros ámbitos:
Fomentar y promover una cultura de paz y de respeto, a través de múltiples medios y en diferentes ámbitos sociales: instituciones educativas, lugar de trabajo, el hogar, las iglesias, los clubes, etc. Vallas, stickers, franelas, etc.

Recordar aquella frase del Mahatma Gandhi: “Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos.”

 

Prefiero mujeres que disfrutan su vida, a hombres encarcelados por el crimen.

Me aterra abrir cada dia el periódico, porque no se con cuantos otros crímenes y asesinatos de mujeres me encontraré. No puedo obviarlo…

Es una especie de circo romano, en que todos nos damos cita a este trágico espectáculo. La prensa cumple con su misión, sin importar para ello las consecuencias de tal manera de informar el crimen. El cadáver ya no tiene dignidad, es parte del espectáculo.

La obsesiva creencia de que «ella» es solo para «mi», no está consumiendo y sumiendo en una especie de indolencia informada. Los crímenes continúan.

Es una cuestión de educación? No parece, los crímenes no sólo los cometen a quienes se les ha negado la misma. Vivimos una especie de «locura colectiva», en la cual estamos atrapados en nuestras propias emociones destructivas. El excesivo apego, los celos no dejan tregua en quienes se sienten propietarios y dueños, amos y señores de «sus mujeres». Se sienten con el derecho de negarles hasta su propia vida.

El tema es complejo, como lo son las opciones que debemos desarrollar para lograr superarlo. Hay que educar, a través de todos los medios, acerca del respeto al otro, la bondad y la compasión. La escuela, los medios de comunicación, las iglesias, los clubes, las juntas de vecinos, las cárceles, a través de todos los espacios públicos hay que insistir en ello: respetar y amar la vida, sobre todo si es una vida ajena, la vida del otro, sobre todo: la otra.

No basta el castigo, ello de por sí es necesario, si no, no estaríamos cumpliendo con la ley. Pero lo principal es prevenir, trabajando sobre los factores de riesgos y desencadenante de la violencia de género. La mayoría de las veces es una situación que se manifiesta desde muy temprano y que bien la familia tiene la responsabilidad de afrontar con prontitud. Lo mismo dijo de la escuela, en la cual también afloran estas conductas violentas en jóvenes.

Dos estudiantes del INTEC, en la asignatura de Seminario de Investigación hicieron un estudio de prevalencia de violencia de género en jóvenes parejas de novios en la universidad, su asombro les llenó de preocupación. En un porcentaje significativo de las parejas estudiadas, había evidencias claras de violencia por parte de los varones. Mayor fue la preocupación cuando las jóvenes lo justificaban como «cosas que pasan», porque «él no siempre es así».

Pongamos nuestra atención en los procesos de detección temprana de la violencia de género, posiblemente todavía en esa etapa de la vida, se pueda hacer algo. La pena seguirá siendo importante, pero sólo que viene después del hecho consumado.

No se trata tan solo de tener hombres agresivos cumpliendo penas, se trata más bien, de tener mujeres disfrutando la vida, su vida.

Un minuto por el respeto a la Mujer: NO a la violencia contra la Mujer.

Somos testigos de la actual ola de violencia que tiene como víctima a la mujer, en manos de hombres desaprensivos, posiblemente objetos de maltrato en su niñez, o quizás, testigos de modelos violentos paternos que dejaron huellas profundas en su conciencia.

¿Por qué no recuperar nuestra esencia biológica – genética, dotado de una cromosoma Y y un cromosoma X? La sabiduría de la naturaleza, que nos dio la posibilidad genética de ambas cualidades, la oscurecemos, la obnubilamos y ¿la negamos? por una expresión cultural que pone de manifiesto un ser humano denigrado por sus propias estructuras cognitivas, morales y comportamentales.

Estamos llamados a reconstruirnos, a cambiar, a crear un hombre nuevo que pueda vivir, con la mujer, una historia nueva en un mundo nuevo.